Cuando no quede un haitiano… en Haití

La República, Listín Diario

31 de octubre, 2013

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Ese día despertaremos. Vemos cómo estamos siendo invadidos gradual y progresivamente y son pocos los que se inmutan. Ya estamos acostumbrados a verlos en los puestos de fruta, en los semáforos, en las construcciones, cuidando edificios y empacando en los supermercados.

Les hemos tendido la mano. Hemos sido solidarios y generosos. Como bien dijo el ex- presidente Fernández, en el acto de inauguración de la Universidad Estatal Haitiana Henri Christophe, “Desde el primer momento del terremoto de Haití, el gobierno y el pueblo dominicanos estuvieron al lado de esa nación para socorrerla tan pronto ocurrió, para acompañarla al inicio de la reconstrucción y para celebrar sus nuevas victorias”. Esa universidad le costó al pueblo dominicano US$30 millones, a pesar de que somos un país pobre mejor que Haití. Miramos con indignación y desconcierto que de nada ha valido porque nada de lo que hacemos, o hemos hecho, es suficiente.

Con fecha 26 de octubre, el Periódico Digital Dominicano, “Almomento.net”, publicó un artículo afirmando que una artista haitiana — Arnold Antonin Moise Camille— se ha unido al plan descabellado de la comunidad internacional y de las ONGs y ha llamado a boicotear los productos dominicanos y el turismo. Ni qué decir del canciller haitiano y de los miles que vociferan que el patriotismo y el racismo son sinónimos en este país. Poco falta para que afirmen que “el Masacre, aún, se pasa a pie”.

Promueven la fusión de la isla, pero los dominicanos y dominicanas con pantalones bien puestos no murieron con Duarte, Sánchez, Mella, Luperón o María Trinidad Sánchez. Estamos aquí y, ahora más que nunca, motivados por un patriotismo catalizado por la Sentencia del Tribunal Constitucional.

Reconocemos que muchos haitianos están legalmente en el país y trabajan con honestidad y ahínco. A veces son más humildes y serviciales que los mismos dominicanos, pero no podemos obviar a la gran mayoría de ilegales que quema nuestros bosques para hacer carbón; que agota los recursos limitados que tenemos con las miles de extranjeras que cruzan embarazadas y dan a luz, en nuestro territorio, cada año; a los que roban, matan, evacuan, orinan y hasta paren en nuestras calles y avenidas.

Estamos cargando con sus miserias cuando apenas podemos con las nuestras. Esto se lo debemos, a la contrata indiscriminada, mal paga y abusiva de jornaleros en el tiempo de los cañaverales, a la mafia irreverente encabezada por dominicanos sinvergüenzas y al interés geopolítico de la comunidad internacional.

Una mafia cuyos miembros deberían ser declarados traidores a la Patria y correr la misma suerte del Sr. Edward Snowden. Así como también, las extranjeras que tuvieron el descaro de irrespetar al presidente Medina en su malogrado intento de boicotear la participación del mandatario en la apertura de la XII Conferencia Regional sobre la mujer, que celebra la Cepal.

Debieron de haber sido deportadas a sus respectivos países, pero la idiosincrasia del dominicano no lo permite. Nos hemos acomodado a la displicencia y  pasividad de las autoridades competentes ante semejantes circunstancias. De hecho, si el Estado de Haití es fallido, el nuestro había sido inoperante, en materia de migración, hasta ahora.

La denuncia del plan de fusión no se limita a las voces de Consuelo Despradel, la familia Castillo Semán, del Tribunal Constitucional, de Julio Martínez Pozo o de Héctor Herrera Cabral. Esta vez la hace Marine Le Pen, Presidenta del Partido Nacionalista Francés, quien afirmó que “La invasión territorial haitiana es organizada y programada para reemplazar a la población dominicana. República Dominicana no tiene la capacidad para asimilarlos a todos. El resultado será un conflicto racial sin precedentes cuando los dominicanos vean su realidad”

Es hora de despertar. Sin vulnerar los derechos humanos de todo extranjero, debemos poner todos los acentos sobre sus íes con firmeza y sin titubeos. En suelo dominicano rigen las leyes dominicanas. La República Dominicana es soberana y nunca ha pecado de injerencia extranjera. Por lo tanto, nos toca exigir la misma cortesía y reciprocidad.

No esperemos al 27 de Febrero para enarbolar la bandera dominicana. Y en ese mismo sentir, hago un llamado a las estaciones de radio para que toquen el himno nacional a las doce del mediodía, como se estuvo haciendo, hace unos años atrás, motivado por un grupo de patriotas.

Al mundo y a Haití les recordamos que somos dominicanos y trinitarios. Que les quede claro que 22 años de ocupación haitiana fueron más que suficientes y que el sueño de Toussaint Louverture descansa, junto a su osamenta, en el interior de un ataúd.

Carmen Isabel González

2 thoughts on “Cuando no quede un haitiano… en Haití

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